El conjunto del Sur busca sumarse a la lista de equipos argentinos que, desde 2000, ganaron títulos continentales.
Jamás importó la talla, humilde o poderoso: la competencia internacional siempre sedujo a los equipos argentinos. Los atrajo, acaso, amparados en la leyenda que forjó Independiente, que en buena parte corrió de boca en boca. Los capturó en una red, tal vez, el magnetismo de Boca en la época contemporánea, con transmisiones de todo tipo y color. Cualquiera fuera el caso, el cosquilleo siempre estuvo. Hoy lo siente Lanús , que hoy empezará la serie decisiva en la Copa Sudamericana ante Ponte Preta, en Brasil, en el paréntesis que le propuso la caliente definición del torneo Inicial. Sí, el que se pospone es el campeonato doméstico frente a la importancia de una justa del otro lado de la frontera.
"Defender la camiseta de Independiente fuera del país nos transformaba. Era un desafío impresionante y que nos gustaba a todos. Sobre todo, por la dureza de los rivales y por la gloria que eso te daba", recuerda el mítico Miguel Ángel Santoro. En América del Sur, Pepé ganó cinco Copas Libertadores con Independiente (64, 65, 72, 73, 74), además de cuatro títulos locales (63, 70, 71 y Nacional 67), una Interamericana (73) y una Europeo-Sudamericana (73).
Y fueron los Rojos, precisamente, los que le dieron al fútbol argentino el último trofeo continental: ganaron la Copa Sudamericana 2010, ante Goiás, en una recordada definición por penales. Para muchos fue el principio de la debacle que los arrastró a la B Nacional, ya que el por entonces equipo dirigido por Antonio Mohamed descuidó el Apertura (el primer certamen de los seis que decretaron el descenso) y terminó último. Después no tendría suerte en 2011: perdió la Recopa, con Inter, y la Suruga Bank, en Japón, con Jubilo Iwata.
La Sudamericana les abrió las puertas a varios conjuntos argentinos. San Lorenzo, por ejemplo, fue el primer campeón, en 2002, y cerró un ciclo que había empezado con la extinta Mercosur, en 2001. Fueron sus primeros y, por ahora, únicos laureles internacionales. También le dio el bautismo fuera del país a Arsenal, en 2007, que se consagró antes en una competencia de la Conmebol que de la AFA (Clausura 2012). Boca, el que más ganó en los últimos años, se la llevó dos veces: en 2004 y en 2005.
No todas fueron historias felices para los criollos en el segundo torneo del continente en importancia, detrás de la Copa Libertadores. Aún se recuerda el escándalo entre San Pablo y Tigre, el año pasado, cuando los jugadores del Matador protagonizaron una gresca con los brasileños y, según dijeron, fueron golpeados y amenazados con armas de fuego. El partido se terminó en el entretiempo porque los argentinos no salieron del vestuario. Los paulistas ganaban 2-0 y, con el 0-0 en Victoria, se llevaron la Copa.
El humilde Cienciano, en 2003, dio el golpe contra River, con un legendario 3-3 en el Monumental y 1-0 en Perú. Mientras que Estudiantes, en 2008, cayó con Inter, en Porto Alegre, en el alargue, en la campaña que precedió la conquista de la Copa Libertadores.
El Pincha, con Juan Sebastián Verón a la cabeza y con Alejandro Sabella al mando del plantel, se llevó la Libertadores, el rey de los trofeos, en 2009. Fue el último equipo argentino en conseguirlo. Boca estuvo cerca en 2012, pero, ya con los indisimulables cortocircuitos en el seno del equipo, el conjunto dirigido por Julio César Falcioni perdió la final con Corinthians, en Brasil. Ese 4 de julio, Juan Román Riquelme anunció que nunca más jugaría con la camiseta azul y oro, pero... "Prefiero ganar la Copa antes que diez torneo argentinos. Es un certamen que sabemos jugar. A Boca sólo le importa llegar a la final y ganar la Libertadores", dijo alguna vez Román. Y los antecedentes lo amparan. Desde 2000, el club de la Ribera dio cuatro vueltas olímpicas en ese torneo: 2000, 2001 y 2003, con Carlos Bianchi como DT, y 2007, con Miguel Ángel Russo, y llegó dos veces al partido decisivo, la citada en 2012, y en 2004, cuando perdió por penales con Once Caldas. Se ve: Boca y Estudiantes fueron los únicos que tuvieron un papel preponderante en la Libertadores en los últimos años y que llegaron a los encuentros decisivos.
Quedan muchas más historias alrededor de las finales continentales. Está la Recopa Sudamericana, por ejemplo, entre los campeones de la Libertadores y la Sudamericana. O las derivaciones que tiene cada título en el futuro, como la Europea-Sudamericana, reina de los desafíos entre clubes, o la reciente Suruga-Bank, respectivamente. Este costado no se trata de premios ni de intereses, sino de las huellas de la gloria. Y esta vez es Lanús el que les sigue el rastro.